Presidente de la COP30 defiende la evolución del multilateralismo climático hacia un modelo a dos velocidades y una implementación acelerada

En una nueva carta a la comunidad internacional, Corrêa do Lago advierte que el futuro de la gobernanza climática depende de la evolución del multilateralismo en un contexto de creciente tensión geopolítica

Presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, y la directora ejecutiva, Ana Toni - Foto: Rafa Pereira/COP30
Presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, y la directora ejecutiva, Ana Toni - Foto: Rafa Pereira/COP30

El presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, instó hoy al multilateralismo climático a adoptar un enfoque de dos niveles, centrado en el consenso y la implementación. En una nueva carta dirigida a la comunidad internacional, el diplomático también destacó su compromiso de elaborar hojas de ruta para la transición fuera de los combustibles fósiles y para detener y revertir la deforestación, argumentando que la estabilidad global futura depende de nuestra planificación colectiva en un contexto de tensiones geopolíticas.

«El multilateralismo debe adquirir la velocidad necesaria para mantenerse a la par del calentamiento global, sin poner en riesgo la toma de decisiones basada en el consenso como fuente de legitimidad, universalidad y derecho internacional». Los roles tradicionales de las COP en la toma de decisiones formales, la coordinación universal y la generación de impulso siguen siendo reales, eficaces y permanentemente necesarios», escribió Corrêa do Lago.

La más reciente de una serie de comunicaciones publicadas desde marzo de 2024 por el presidente de la COP30 reflexiona sobre lo que la conferencia representó para el multilateralismo climático y para la gobernanza global en un sentido más amplio. A pesar de los crecientes desafíos geopolíticos y socioeconómicos, la COP30 contribuyó a fortalecer el multilateralismo climático, a conectarlo con las personas y a acelerar la implementación del Acuerdo de París.

De un ámbito de nicho a uno generalizado, la implementación climática se está volviendo tan omnipresente como ya lo son los impactos del calentamiento global. Corrêa do Lago señaló que «la respuesta al cambio climático ya no depende de una autorización formal, ni se limita a un solo país, actor o sector». Los resultados alcanzados en Belém muestran que un «multilateralismo en funcionamiento» es necesario para demostrar cómo la gobernanza multilateral puede ofrecer resultados en contextos desafiantes y, al mismo tiempo, llegar a las personas en el terreno.

La carta refuerza la necesidad de un multilateralismo de dos niveles, como se evidenció en la COP30: un primer nivel institucional basado en el consenso, la llave de oro en la construcción del régimen climático a lo largo de tres décadas. Un segundo nivel centrado en la implementación, con un énfasis creciente en la movilización, difusión y despliegue de recursos, actores, coaliciones de los dispuestos y mecanismos a escala mundial.

El Acelerador Global de Implementación, establecido mediante la Decisión Mutirão de la COP30 y que será codirigido junto con las Presidencias entrantes de la COP31, puede servir como un prototipo para inyectar velocidad institucional al multilateralismo climático, desbloqueando rapidez, escala y una secuenciación estratégica.

«La COP30 reveló algo esencial: nuestro régimen climático ha evolucionado de una máquina a un sistema vivo. Y los sistemas vivos no sobreviven únicamente mediante la armonía, sino a través de la adaptación moldeada por la tensión y la retroalimentación», escribió el presidente de la COP30. «Responder a esta presión evolutiva no significa abandonar el multilateralismo; significa permitir que madure».

Por iniciativa de Brasil, bajo la directriz del presidente Lula, la COP30 también impulsó un debate sin precedentes sobre la dependencia global de los combustibles fósiles, responsables de casi el 70 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, pero también de una creciente vulnerabilidad en términos de estabilidad financiera y liquidez para el desarrollo y la inversión. Aunque el sistema multilateral aún no estaba preparado para abordar formalmente esta discusión, Brasil asumió de manera autónoma la tarea de desarrollar hojas de ruta para la transición fuera de los combustibles fósiles y para detener y revertir la deforestación.

«Lejos de una moralidad climática, estas hojas de ruta se centran ante todo en la planificación y la estabilidad», escribió el presidente de la COP30. «Bien gestionada, esta planificación puede reducir el riesgo sistémico, proteger los balances y fortalecer la confianza. Mal gestionadas, las mismas transiciones conllevan riesgos de desorden, fractura social, volatilidad y un colapso abrupto del valor de los activos».

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