CARTAS DE LA PRESIDENCIA

Duodécima Carta del Presidente

27 de enero de 2026

Como ya lo han demostrado las primeras semanas de 2026, nos encontramos en una encrucijada en la historia de la humanidad, en un momento en el que los cambios en el sistema climático global condicionan cada vez más a los sistemas humanos. En el marco del seguimiento de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en Belém (COP30) en noviembre de 2025, debemos reflexionar sobre lo que la COP30 representó para el multilateralismo climático y la gobernanza global en un momento histórico de transiciones de fase —en la geopolítica, las sociedades, las economías, las finanzas, las culturas, la tecnología y los sistemas de información.

La urgencia climática no esperará a que las condiciones políticas y socioeconómicas sean ideales. Sin embargo, la COP30 demostró que está emergiendo un nuevo modelo de respuesta global: uno plenamente entrelazado con su contexto, que hace que la implementación climática sea cada vez más omnipresente, al igual que lo son los efectos del calentamiento global. Sin esperar soluciones dictadas por decreto, la acción climática ha trascendido de manera irreversible el derecho internacional, las salas de negociación y los informes técnicos. De nicho a corriente dominante, se han establecido las condiciones para una transición estructural global hacia un desarrollo bajo en carbono y resiliente al clima.

La COP30 también puso de relieve las limitaciones del multilateralismo climático y de la toma de decisiones formales por consenso. Al avanzar en nuestro trabajo en 2026, veamos estos límites no como fronteras inamovibles, sino como señales valiosas que nos enseñan que el multilateralismo climático ha madurado y está listo para evolucionar.

Para mantenerse al ritmo del calentamiento global, el multilateralismo debe aprender a operar a más de una velocidad institucional y convertirse en un multilateralismo de dos niveles. Como evoca la tradición afrobrasileña y la sabiduría yoruba a través de la figura de Ogum, el herrero, los momentos de transición no son aquellos en los que el hierro se rompe, sino aquellos en los que se coloca en la fragua. El multilateralismo climático ha llegado a ese momento.

Logros de la COP30: un multilateralismo fortalecido, conectado con las personas y orientado a la implementación acelerada

En un contexto de crecientes y acumulativas tensiones geopolíticas y socioeconómicas, la COP30 resolvió impulsar una transición decisiva en nuestro régimen climático desde una fase de negociación de tres décadas hacia una nueva era centrada en la implementación, avanzando más rápido y más lejos. Juntos, elevamos el Mutirão Global de un llamado a un movimiento, ahora consagrado en el derecho internacional, para unir formalmente a la humanidad en una movilización global contra el cambio climático.

Por iniciativa de Brasil y a partir del llamado directo del presidente Lula, la COP30 —como la “COP de la Verdad” — promovió un debate inédito y necesario sobre nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Aunque nuestro sistema multilateral no estaba preparado para adoptar formalmente esta discusión, asumo, bajo la responsabilidad de la Presidencia de la COP30, la tarea de desarrollar hojas de ruta para la transición de los combustibles fósiles y para detener y revertir la deforestación, de forma justa, ordenada y equitativa. La estabilidad global futura depende de nuestra capacidad de comenzar a planificar ahora una transición gradual hacia nuevas estructuras.

Colocando a la ciencia en el centro de la escena y apoyándose en la Cumbre Amazónica de Belém de 2023 y en la presidencia brasileña del G20 a lo largo de 2024, la presidencia de la COP30 buscó evitar la tentación de concentrarse en un único tema y, en cambio, contribuir a la integración de la agenda climática en otras áreas estructurales prioritarias, como la estabilidad financiera y macroeconómica, la seguridad, la migración, el desarrollo, la nueva política industrial, el comercio, la inversión, la energía, la tecnología, la asequibilidad, la protección social y la inclusión, así como la lucha contra el hambre, la pobreza y las desigualdades. Guiada por su triple objetivo de fortalecer el multilateralismo, conectarlo con las personas y acelerar la implementación, la COP30 impulsó la acción climática en cuatro frentes: (i) movilización global, (ii) Agenda de Acción, (iii) Cumbre de Líderes y (iv) negociaciones formales.

La movilización global sin precedentes buscó acercar la CMNUCC a la vida cotidiana de las personas, con la inclusión como pilar estructural. La COP30 inspiró un mutirão global que unió a gobiernos, instituciones, movimientos sociales y a la ciudadanía, convirtiéndose en uno de los procesos más participativos en la historia de las COP. En los meses previos a Belém, se organizaron mutirões temáticos en todos los continentes, con actividades de limpieza ambiental, campañas de sensibilización, plantación de árboles e iniciativas de participación cívica. Las sesiones regionales y autogestionadas del Balance Ético Global reunieron a miles de participantes en seis continentes en torno a temas como la justicia, la equidad y la protección de los Pueblos Indígenas. En todo Brasil, encuentros denominados “COP de los Biomas” y cientos de actividades de la sociedad civil ampliaron la participación, movilizando comunidades tradicionales, estudiantes, movimientos y centros de investigación. De una organización comunitaria a otra, el movimiento del mutirão generó una virtuosa “cadena de acción”. En línea, alcanzó a casi 200 millones de personas.

La movilización global también incluyó importantes eventos preparatorios, como el Foro de Líderes Locales en Río de Janeiro y, en São Paulo, el Foro Empresarial y Financiero de la COP30, el Foro de Innovación Sostenible y cumbres de inversionistas. En Belém, la Zona Verde se convirtió en un ecosistema de innovación social, recibiendo a casi 300.000 visitantes mediante una programación cultural, educativa y de soluciones climáticas. La Cumbre de los Pueblos, la Aldea Indígena de la COP30, decenas de Casas Temáticas y la Marcha Global por el Clima – con aproximadamente 70.000 participantes – demostraron que el poder de la acción climática surge cuando los pueblos, los sistemas de conocimiento y los territorios se unen.

La COP30 se consolidó como la COP de la Implementación, al tiempo que reforzó el papel central de los gobiernos subnacionales y de otros actores no estatales. La Agenda de Acción movilizó más de 480 iniciativas que involucraron a 190 países y a decenas de miles de actores no estatales. Organizada en torno a seis ejes temáticos y treinta objetivos clave, transformó el Balance Global (Global Stocktake) en una brújula para la acción multisectorial, incluyendo un “Granero de Soluciones”, cerca de 120 Planes para Acelerar Soluciones y 190 iniciativas que reportaron resultados concretos —más de seis veces las registradas en 2024. Entre numerosos avances en naturaleza y océanos, el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF) superó los USD 6,6 mil millones en capitalización inicial.

Precedidas por la Cumbre Climática de Belém (6 y 7 de noviembre), en la que el presidente Lula emitió el Llamado de Belém por el Clima, las negociaciones formales de la COP30 adoptaron 56 decisiones por consenso. Unidas en la celebración del décimo aniversario del Acuerdo de París, 194 Partes enviaron un mensaje claro al mundo: la transición climática global es irreversible y define la tendencia futura.

Al término de la conferencia, más de 120 países habían presentado nuevas contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC), con mayor calidad y ambición, lo que representa un paso decisivo hacia la configuración de una nueva agenda climática centrada en la ejecución. La COP30 instó a las Partes que aún no han comunicado nuevas NDC a hacerlo, invitando a los países a elaborar planes de implementación e inversión que alineen las NDC con estrategias y planes más amplios de desarrollo económico.

En su conjunto, las decisiones formales adoptadas en la COP30 consolidaron el legado institucional del Libro de Reglas de París y promovieron medidas concretas para responder a la urgencia climática mediante una implementación acelerada, la solidaridad y la cooperación internacional, incluida la puesta en marcha del nuevo Acelerador Global de Implementación. La COP30 representó la COP de la Adaptación, con la adopción de indicadores para el Objetivo Global de Adaptación, el llamado a triplicar la financiación para la adaptación de aquí a 2035 y la conclusión de la evaluación de los avances en los Planes Nacionales de Adaptación. Como COP de las Personas, las decisiones formales ampliaron los derechos y la inclusión de los Pueblos Indígenas y de las comunidades afrodescendientes. Otros logros destacados incluyeron el mecanismo de transición justa; el Plan de Acción de Género de Belém; el Diálogo de los Emiratos Árabes Unidos sobre el Balance Global (GST); el Programa de Implementación Tecnológica de Belém; nuevos diálogos sobre comercio internacional y clima; el nuevo programa de trabajo sobre financiación climática; el Diálogo Veredas y las Conversaciones Financieras del Xingu; así como el fortalecimiento de las sinergias con las agendas de desarrollo sostenible, biodiversidad y degradación de tierras y océanos.

Como presidente de la COP30, me siento profundamente honrado y agradecido por los extraordinarios esfuerzos de los delegados, observadores y de la Secretaría de la CMNUCC, muchos de los cuales dedicaron noches sin descanso en el verdadero espíritu del mutirão. Nuestro Campeón Climático de Alto Nivel, Dan Ioschpe, desempeñó un papel clave en la movilización del sector privado, mientras que la Campeona Climática Juvenil, Marcele Oliveira, fue fundamental para ampliar la participación de niños, jóvenes y redes territoriales, asegurando que las perspectivas de las comunidades marginadas estuvieran reflejadas.

Agradezco igualmente a todos los socios que apoyaron el trabajo de la presidencia de la COP30. Entre ellos, nuestros Enviados Especiales – siete internacionales y veintidós nacionales – ampliaron el diálogo entre regiones y sectores. Nuestros Círculos de Liderazgo profundizaron la movilización política y social, incluido el Círculo de presidentes de la COP, presidido por el presidente de la COP21, Laurent Fabius; el Círculo de los Pueblos, presidido por la Ministra de los Pueblos Indígenas de Brasil, Sonia Guajajara; el Círculo de Ministros de Finanzas, presidido por el Ministro de Hacienda de Brasil, Fernando Haddad; y el Círculo del Balance Ético Global, presidido por la Ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil, Marina Silva. Con un enfoque orientado a soluciones, científicos y expertos de renombre mundial que asesoraron a la presidencia de la COP30 a través de sus Consejos de Ciencia, Economía, Tecnología y Adaptación contribuyeron a ampliar el papel de la ciencia y del conocimiento especializado más allá de la mera alerta, fomentando la creatividad y ayudando a restaurar la confianza y la esperanza mediante la construcción de puentes.

Elegir el futuro frente a un pasado irrecuperable: atravesar las puertas de encrucijadas inevitables

De cara a 2026, la presidencia de la COP30 continúa comprometida con el apoyo a una implementación acelerada. La presidencia se compromete a apoyar a la presidencia entrante de la COP31 y a seguir trabajando con los socios para consolidar el movimiento en torno a un enfoque sistémico de la adaptación y para elevar aún más la Agenda de Acción, junto con los Campeones Climáticos de Alto Nivel, como plataforma multiactor destinada a acelerar la implementación del Acuerdo de París y de las decisiones adoptadas en las COP. Detallaré planes adicionales en mis futuras cartas.

Idealmente, nuestro sistema colectivo debería asumir la responsabilidad de desarrollar hojas de ruta para la transición de los combustibles fósiles y para detener y revertir la deforestación. No obstante, reafirmo mi firme compromiso de avanzar en esta doble misión, junto con la continuidad del trabajo sobre la hoja de ruta de USD 1,3 billones, en coordinación con la presidencia de la COP29.

Bajo mi responsabilidad, estas hojas de ruta se conciben como plataformas políticas y técnicas para movilizar a países y actores no estatales en el avance de la planificación nacional e internacional destinada a implementar los párrafos 28, 33 y 34 del Balance Global (GST). Invito a todas las partes interesadas – expertos, productores, empresas estatales y privadas, consumidores, aseguradoras, instituciones financieras y gobiernos – a contribuir a este esfuerzo desde sus respectivas perspectivas.

Al hacerlo, las transiciones energéticas y del uso del suelo no deben abordarse de manera aislada. Deben integrarse en transformaciones sistémicas más amplias que vayan más allá de la agenda climática, reflejando los riesgos y oportunidades legales, de transición y físicos relacionados con la estabilidad financiera, la macroeconomía y los modelos de negocio, así como con la lucha contra la pobreza, el hambre y la desigualdad, la creación de empleo e ingresos y la garantía del acceso, la seguridad y la asequibilidad de la energía, incluso en lo que respecta a los minerales críticos y a las inversiones a gran escala vinculadas a la inteligencia artificial y a la infraestructura digital.

Lejos de una moral climática, estas hojas de ruta se refieren ante todo a planificación y estabilidad. Son instrumentos para navegar transiciones inevitables en los ámbitos energético, del uso del suelo y financiero de manera justa, ordenada y equitativa. Se centran en la previsibilidad, la secuenciación, las señales creíbles y la reasignación oportuna de tierras, trabajo y capital, de modo que los mercados, las instituciones y las sociedades puedan ajustarse sin disrupciones. Bien gestionada, esta planificación puede reducir el riesgo sistémico, proteger los balances y fortalecer la confianza. Mal gestionadas, estas mismas transiciones conllevan riesgos de desorden, fractura social, volatilidad y colapsos abruptos en el valor de los activos.

En este esfuerzo, sigo inspirado por el presidente Lula y por la ministra Marina Silva, quienes continúan demostrando que liderar con el ejemplo es la forma más creíble de liderazgo. El 5 de diciembre de 2025, el presidente Lula impartió una instrucción al Gobierno brasileño para que, en un plazo de 60 días, preparara directrices para una transición energética justa y planificada, orientada a la reducción gradual de la dependencia de los combustibles fósiles, al tiempo que propone mecanismos de financiación adecuados para su implementación.

Responder a la urgencia climática, responder a la presión evolutiva sobre las instituciones

En vísperas de la COP30, invité a la comunidad internacional a considerar el objetivo de mantener el límite de 1,5 °C al alcance – y minimizar el sobrepaso – no como una opción política, sino como un imperativo científico y humanitario para evitar peligrosos puntos de inflexión inducidos por el clima. Como señalé en mi novena carta, el objetivo de temperatura del Acuerdo de París sigue siendo alcanzable si la ambición se redefine a través de una implementación acelerada y de una cooperación internacional reforzada capaz de catalizar cascadas virtuosas de cambios positivos.

Los datos publicados el 14 de enero de 2026 por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus confirmaron que el período comprendido entre 2023 y 2025 marcó el primer promedio trienal que superó el umbral de 1,5 °C. Los datos también indicaron que el límite de 1,5 °C del Acuerdo de París para el calentamiento global a largo plazo podría alcanzarse antes de que finalice esta década, más de una década antes de lo previsto cuando se adoptó el Acuerdo.

En la COP30, los países reiteraron su determinación en torno al objetivo de 1,5 °C y a limitar tanto la magnitud como la duración del sobrepaso de temperatura, al tiempo que se cerraban las brechas de adaptación. Asimismo, lanzaron la “Misión Belém hacia 1,5”.

Al igual que en COP anteriores, la COP30 logró avances diplomáticos, especialmente teniendo en cuenta el difícil contexto geopolítico. Sin embargo, una vez más, quedó por debajo de lo que los científicos del clima y las comunidades que ya experimentan los impactos del cambio climático esperaban.

Durante tres décadas, los ciclos políticos, de políticas públicas y empresariales operaron bajo la ilusión de que el ritmo del calentamiento global podría ajustarse al de la diplomacia, incluso cuando el propio cambio climático seguía superando nuestra respuesta internacional. No obstante, la COP30 reveló algo esencial: nuestro régimen climático ha evolucionado de una máquina a un sistema vivo. Y los sistemas vivos no sobreviven únicamente mediante la armonía, sino a través de la adaptación moldeada por la tensión y la retroalimentación.

Responder a esta presión evolutiva no significa abandonar el multilateralismo; significa permitirle madurar.

La cooperación climática puede convertirse en una forma de “multilateralismo funcional”, capaz de demostrar cómo la gobernanza multilateral puede ofrecer resultados en condiciones de urgencia y complejidad, integrando una misión global con realidades locales y sustentándose en la ciencia. Para lograrlo, el multilateralismo debe adquirir la velocidad necesaria para mantener el ritmo del calentamiento global, sin poner en riesgo la toma de decisiones por consenso como fuente de legitimidad, universalidad y derecho internacional. Los roles tradicionales de las COP en la adopción formal de decisiones, la coordinación universal y la generación de impulso siguen siendo reales, eficaces y permanentemente necesarios. No deben abandonarse.

El consenso es deliberativo y lento por diseño. Sin embargo, ha sido la llave de oro en la construcción del régimen climático durante tres décadas. A través del consenso adoptamos la Convención de 1992, el Protocolo de Kioto de 1997 y el Acuerdo de París de 2015, llevando el derecho y la gobernanza climáticos internacionales a nuevos niveles de sofisticación. El Libro de Reglas de París está ahora completo y su ciclo de políticas plenamente operativo. Los planes nacionales funcionan cada vez más como instrumentos de gobierno integral, de sociedad integral y de economía integral, al operar en distintos horizontes temporales – corto (2030), medio (2035) y largo plazo (2050) – para enviar señales a los actores más allá de la CMNUCC. Los tribunales internacionales y nacionales, incluidas la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Internacional de Justicia, están aclarando responsabilidades jurídicas. En síntesis, la arquitectura normativa del régimen está en gran medida establecida.

Mediante la decisión 1/CMA.7, la CMA “resuelve formalmente promover de manera decisiva la transición hacia un enfoque centrado en la implementación del Acuerdo de París y de las decisiones adoptadas desde su primera sesión”. A medida que dejamos atrás un énfasis centrado en la negociación, la implementación no puede esperar a la unanimidad en cada paso operativo.

Por ello, el multilateralismo climático puede ahora evolucionar para operar a dos velocidades complementarias, avanzando hacia un nuevo multilateralismo de dos niveles.

Una primera velocidad institucional debe permanecer anclada en el consenso. Garantiza legitimidad, universalidad, claridad jurídica y orientación colectiva, y sigue siendo indispensable e insustituible, como lo fueron el proceso normativo de la Convención, el Protocolo de Kioto, el Acuerdo de París y su Libro de Reglas.

Una segunda velocidad institucional debe centrarse en la implementación. Debe permitir que coaliciones abiertas y actores con capacidad movilicen recursos, desplieguen soluciones y generen aprendizaje a escala, sin reabrir cuestiones de orientación ya definidas por consenso en el primer nivel, como ocurrió con el TFFF, el Compromiso de Belém sobre Combustibles Sostenibles, la Coalición Abierta de Mercados de Carbono Regulados y el Foro Integrado sobre Comercio y Cambio Climático.

En este segundo nivel, el énfasis debe desplazarse hacia la movilización rápida y a gran escala, la difusión y el despliegue de recursos, actores y mecanismos en todo el mundo – todavía altamente fragmentados. Alineados y coordinados, los actores pueden promover la integración estratégica de la financiación, la tecnología y el fortalecimiento de capacidades con la formulación de políticas, permitiendo cambios exponenciales y efectos en cascada entre sectores – los llamados “puntos de inflexión positivos” –, así como la secuenciación de los esfuerzos globales para priorizar áreas de alto impacto acumulativo, como los gases distintos del CO₂, la restauración de ecosistemas, los sistemas de alerta temprana, la infraestructura pública digital y el fortalecimiento de las capacidades institucionales.

Para desbloquear velocidad, escala y secuenciación estratégica, el nuevo Acelerador Global de Implementación, que esta presidencia tiene el honor de conducir junto con la presidencia entrante de la COP31, puede servir como prototipo para añadir una nueva velocidad institucional al multilateralismo climático. Su éxito será la prueba de fuego de la capacidad de nuestro régimen para cambiar efectivamente de marcha hacia una implementación acelerada. En este proceso de ir más rápido y más lejos, el nuevo mecanismo de transición justa será fundamental para garantizar que nadie quede atrás.

En mi segunda carta, de mayo de 2025, invité a la comunidad internacional a profundizar el debate iniciado por el presidente Lula en el G20 de 2024 sobre cómo la Asamblea General podría dotar mejor a la cooperación climática de herramientas para acelerar la implementación de las decisiones de la CMNUCC. En su Llamado a la Acción durante la Cumbre de Líderes de la COP30, el presidente Lula volvió a instar a los países a acelerar la implementación, incluso mediante la creación de un Consejo de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, destinado a agregar medios de implementación, procesos, actores y mecanismos climáticos, con miras a acelerar la ejecución de las decisiones adoptadas en el marco de la Convención y del Acuerdo de París.

Firmemente anclada en las decisiones de la COP, esta vía podría establecer una plataforma estructural permanente para conectar actores con soluciones, ampliar el acceso a la financiación, acelerar la difusión tecnológica, transformar la transparencia de un mero ejercicio de rendición de cuentas en un proceso de aprendizaje iterativo y alinear redes de confianza, datos y estándares compartidos. Frente a la urgencia climática, ello fortalecería la gobernanza climática global y abriría una nueva vía rápida en la cooperación internacional.

Aunque la presidencia de la COP30 anticipó la evolución del multilateralismo como una prioridad, nunca imaginé que los desafíos geopolíticos y socioeconómicos la harían tan urgente, tan pronto.

A medida que atravesamos puertas y avanzamos en la era de las transiciones de fase – una era de incertidumbre inevitable –, permitamos que la acción prevalezca sobre el miedo, para que podamos construir tanto sobre los logros como sobre las limitaciones de Belém. Recordemos que la respuesta al cambio climático ya no depende de autorizaciones formales ni está confinada a un solo país, actor o sector. Hoy es un movimiento imparable, capaz de unir a la humanidad en torno a un propósito común: cambiemos por elección, juntos.

André Aranha Corrêa do Lago
Presidente de la COP30

Versión en español: Trad. Kaique Ortiz