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Necesitamos esfuerzos rápidos y enfocados para acelerar la acción climática

Dan Ioschpe ● Campeón de Alto Nivel para el Clima, COP30

En 2024, mi ciudad natal, Porto Alegre, en el sur de Brasil, enfrentó la peor inundación en 80 años. Más de 150 mil personas perdieron sus hogares, con un impacto económico cercano a los USD 18 mil millones. No fue un hecho aislado. Según la Organización Meteorológica Mundial, más de 600 fenómenos climáticos extremos se registraron solo el año pasado.

Estas son señales claras de un sistema bajo presión. Por eso, la acción climática es para mí un tema profundamente personal, y también vital para toda la sociedad.

En los primeros 100 días desde que asumí el cargo de Campeón de Alto Nivel para el Clima de la COP30, he presenciado un fuerte impulso en diversos sectores. Pero el impulso por sí solo no basta. Es urgente pasar a la entrega concreta.

Diez años después del Acuerdo de París, y tras el primer Balance Global — el informe de la ONU sobre el progreso climático— el mensaje fue claro: necesitamos acciones rápidas y enfocadas que impulsen el desarrollo socioeconómico y la resiliencia.

Mi experiencia con empresas de distintos sectores me ha demostrado que podemos adaptarnos bajo presión e innovar a gran escala. Estos primeros 100 días refuerzan que escalar soluciones donde más se necesitan no solo aumenta la innovación, la competitividad y el empleo verde, sino que también ayuda a gestionar los riesgos.

La buena noticia es que ya tenemos las herramientas para implementar los resultados del Balance Global. Y, desde lo más profundo de mí, creo que podemos lograrlo.

Para hacerlo posible, los Campeones de Alto Nivel para el Clima y la Alianza de Marrakech han lanzado un programa de trabajo centrado en alinear la acción climática ya en curso en los sistemas de los cuales todos dependemos. Este programa constituye la columna vertebral operativa de la renovada Agenda de Acción de la COP30.

La Agenda de Acción garantiza que los compromisos climáticos se traduzcan en resultados mensurables. Es el paso de las promesas al rendimiento, impulsado por alianzas que abarcan gobiernos, empresas, inversores y la sociedad civil.

Esta agenda integrada se basa en el Balance Global y gira en torno a 30 objetivos clave destinados a acelerar el cambio en seis sistemas críticos: transición energética, industrial y del transporte; protección de los bosques, de los océanos y de la biodiversidad; transformación de la agricultura y de los sistemas alimentarios; fortalecimiento de la resiliencia en ciudades, infraestructura y agua; fomento del desarrollo humano y social; y la activación de habilitadores como financiamiento, tecnología y desarrollo de capacidades.

No se trata de crear nuevas iniciativas, sino de potenciar lo que ya funciona. Para avanzar en estos objetivos, la presidencia de la COP30 ha designado 30 enviados especiales que apoyarán los grupos de activación — fuerzas de tarea globales que reúnen a ciudades, empresas, pueblos indígenas, organizaciones de la sociedad civil y financiadores. Estos equipos identificarán soluciones escalables y seguirán su progreso con transparencia. Es una movilización colectiva — un “mutirão”, como decimos en Brasil— en la que las personas trabajan codo a codo para construir algo más grande que ellas mismas.

El impulso ya está creciendo. En 2024, la inversión global en energías renovables alcanzó los USD 2,1 billones, casi el doble que en combustibles fósiles, con el sector privado liderando casi la mitad. Las empresas están invirtiendo capital y acción mediante alianzas como Utilities for Net Zero Alliance (UNEZA), reduciendo emisiones y costos.

El liderazgo de ciudades, gobiernos subnacionales, empresas, financiadores y la sociedad civil también está creciendo. Más de 600 grandes empresas e instituciones financieras en todo el mundo están incorporando la naturaleza en sus decisiones mediante el llamado Nature Positive for Climate Action. Además, más de 300 actores diversos de los sistemas alimentarios, incluyendo agricultores, pueblos indígenas, empresas, instituciones financieras y sociedad civil, están escalando modelos sostenibles y regenerativos de producción a través del llamado Food Systems Call to Action.

La campaña Race to Zero representa más del 25 % del PIB mundial, y está convirtiendo los compromisos de carbono neutro en implementación real: las empresas participantes ahorraron USD 13.600 millones en emisiones de sus cadenas de suministro en 2023. Paralelamente, Race to Resilience está generando resultados tangibles: más de 2.000 ciudades y organizaciones están fortaleciendo la resiliencia de más de 500 millones de personas vulnerables.

La COP30 debe marcar el inicio de una nueva década de implementación. Brasil está listo para liderar con el ejemplo, ofreciendo soluciones escalables que promuevan tanto la acción climática como el progreso socioeconómico.

La propuesta del Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, por sus siglas en inglés), por ejemplo, es un mecanismo innovador para movilizar financiamiento de largo plazo y basado en resultados para la conservación de bosques tropicales, y representa un marco en la transformación de la financiación climática global desde el Sur Global.

Introducida originalmente en la COP28 en los Emiratos Árabes Unidos, el TFFF pretende movilizar cerca de USD 4 mil millones anuales distribuidos entre más de 70 países.

Brasil es el quinto mayor productor de biocombustibles del mundo, y su Plan de Transformación Ecológica apunta a ampliar aún más la producción de etanol y de combustible sostenible de aviación (SAF) en los próximos años. Con metas claras, el país está bien posicionado para avanzar en la transición energética.

Estos ejemplos muestran que la COP30 marcará el paso de las promesas a la acción real.

Elijamos el cambio por medio de  soluciones efectivas, no por desastres. Mantengamos vivo el impulso y convirtamos la ambición en resultados que resistan el paso del tiempo.