Debates en Bonn refuerzan la convergencia global en torno a la Hoja de Ruta de la Presidencia de la COP30 para detener la deforestación y la degradación forestal
Detener y invertir la deforestación y la degradación florestal para 2030 es uno de los principales desafíos de implementación del Acuerdo de París, al situarse en la intersección entre la acción climática, la resiliencia económica, la conservación de la biodiversidad y el desarrollo sostenible

Durante el 64.º período de sesiones de los Órganos Subsidiarios de la CMNUCC (SB64), en Bonn, la Presidencia de la COP30 reunió a las Partes, organizaciones internacionales, Pueblos Indígenas, sociedad civil y sector privado para debatir el desarrollo de la Hoja de ruta de la Presidencia de la COP30 para detener e invertir los procesos de deforestación y degradación forestal de aquí a 2030, concebida como una contribución orientada a la implementación de los párrafos 33 y 34 del primer Balance Mundial.
El evento presentó la propuesta de la Presidencia de la COP30 para la Hoja de Ruta, detallando su estructura y destacando las áreas de convergencia identificadas a lo largo del proceso de consultas. El encuentro también brindó una oportunidad para poner a prueba ideas, recoger aportes de las Partes y de la sociedad civil y perfeccionar las prioridades antes del lanzamiento del documento. Un mensaje atravesó todo el debate: la cuestión ya no es el papel de los bosques en la regulación del clima, sino cómo acelerar su conservación y restauración con la escala y la velocidad que exige la crisis climática.
Representantes de Suiza, Guyana, Honduras, la Unión Europea, Austria, Francia, Suecia y Alemania subrayaron la importancia de construir sobre los marcos existentes —como REDD+, el Artículo 5 del Acuerdo de París, la Forest and Climate Leaders’ Partnership (FCLP), UN-REDD y el Foro de las Naciones Unidas sobre los Bosques (UNFF)— garantizando al mismo tiempo que la Hoja de Ruta cierre brechas críticas, fortalezca la coherencia política y traduzca los compromisos en acciones medibles.
Guyana compartió su experiencia como país con alta cobertura forestal y baja deforestación, demostrando cómo la conservación de largo plazo, el liderazgo de los Pueblos Indígenas y el financiamiento jurisdiccional a través de JREDD+ pueden generar oportunidades económicas mientras se mantiene una de las tasas de deforestación más bajas del mundo. Varios participantes enfatizaron que una implementación efectiva debe abordar las causas estructurales de la deforestación. Austria pidió prestar mayor atención a la expansión agrícola y otros factores estructurales, mientras que Francia destacó la importancia de integrar los servicios ecosistémicos y fortalecer las sinergias entre las tres Convenciones de Río. Suecia subrayó la necesidad de contar con una terminología común y estándares compartidos para apoyar acciones coordinadas y promover una mayor coherencia entre las iniciativas.
El diálogo con los actores no estatales reforzó estas prioridades. WWF-Brasil destacó la implementación, la reforma fiscal, la gobernanza y la equidad como principios orientadores. Conservation International sostuvo que el valor agregado de la Hoja de Ruta no radica en reinventar décadas de trabajo, sino en ampliar soluciones ya comprobadas y cerrar las brechas existentes. La UICN pidió una mayor protección de los bosques primarios, un fortalecimiento de la restauración, financiamiento directo para los Pueblos Indígenas y las comunidades locales, así como mecanismos sólidos de monitoreo y rendición de cuentas. Por su parte, la Wildlife Conservation Society enfatizó la necesidad de ampliar el acceso directo al financiamiento y promover una mayor articulación entre las iniciativas relacionadas con los bosques.
A lo largo de las intervenciones, surgieron de manera recurrente varias prioridades consideradas esenciales para alcanzar los objetivos forestales de 2030 y como elementos centrales de la Hoja de Ruta:
construir las acciones sobre marcos nacionales e internacionales ya existentes, evitando procesos paralelos;
fortalecer la cooperación entre gobiernos, Pueblos Indígenas, comunidades locales, empresas y sociedad civil;
abordar los diversos motores de la deforestación mediante estrategias adaptadas a cada bioma y contexto nacional;
movilizar financiamiento predecible y de largo plazo para la conservación, la restauración y la producción sostenible; y
traducir los resultados del Balance Mundial en acciones coordinadas de implementación sobre el terreno.
Las consultas también pusieron de manifiesto que, aunque las trayectorias variarán entre regiones y ecosistemas, existe un amplio consenso en que la Hoja de Ruta debe funcionar como una plataforma de coordinación, aprendizaje e implementación, contribuyendo a alinear políticas públicas, financiamiento, mercados y alianzas en torno a un objetivo común.
La Hoja de Ruta de la Presidencia de la COP30 busca consolidarse como un instrumento práctico para impulsar la acción, reuniendo experiencias de países, instituciones y diversos actores para proteger los bosques y avanzar simultáneamente en la acción climática, la conservación de la biodiversidad, el fortalecimiento de economías resilientes y la promoción de medios de vida sostenibles.
