Iniciativas Mandatadas lideradas por la Presidencia
La COP30 marcó la transición de una etapa centrada principalmente en la negociación hacia una fase orientada a la implementación. Al adoptar por consenso el compromiso de "ir más lejos y más rápido" en la Decisión del Mutirão Global, las Partes reconocieron que el principal desafío ya no consiste en elaborar nuevas reglas, sino en implementar los compromisos asumidos en el Acuerdo de París de manera acelerada, coordinada y a gran escala.
Este cambio da forma a un multilateralismo de dos velocidades, en el que el proceso formal de toma de decisiones continúa guiándose por el consenso entre las Partes, mientras que una vía complementaria de implementación moviliza a gobiernos, instituciones financieras, sector privado, comunidad científica, sociedad civil y actores subnacionales para acelerar resultados concretos. En 2026, este enfoque se materializa en dos iniciativas mandatadas por la COP30: el Acelerador Global para la Implementación (GIA, por sus siglas en inglés) y la Misión Belém por 1,5°C, ambas coordinadas por la Presidencia de la COP30 en colaboración con la Presidencia de la COP31.
El Acelerador Global para la Implementación fue concebido como un mecanismo voluntario de cooperación para apoyar la implementación de las NDC y los NAP, manteniendo al alcance el objetivo de 1,5°C. Su diseño combina rigor científico, soluciones escalables y una amplia participación social, ampliando el impacto de la actual Agenda de Acción y fortaleciendo el apoyo directo a los países mediante el desarrollo de capacidades, infraestructura digital y plataformas nacionales de financiamiento y tecnología. Al reunir a una amplia diversidad de actores en torno a una agenda común de implementación, el GIA fortalece la operacionalización del multilateralismo de dos velocidades y aporta mayor agilidad institucional al régimen climático.
La Misión Belém por 1,5°C desempeña un papel complementario al ofrecer un espacio estratégico de alto nivel para fortalecer la ambición de las NDC y los NAP y promover la cooperación internacional orientada a la implementación. Su función es contribuir a identificar obstáculos sistémicos, fomentar la convergencia política y orientar inversiones y soluciones compatibles con trayectorias alineadas con el objetivo de 1,5°C, sin asumir un papel ejecutivo directo.
En conjunto, estas iniciativas contribuyen a consolidar una nueva etapa del régimen climático internacional, en la que la ambición, la coordinación y la implementación de resultados avanzan de manera integrada, fortaleciendo la capacidad colectiva para responder a los desafíos de esta década decisiva para la acción climática.
